La retórica, los discursos, las buenas intenciones, las promesas, el lenguaje progresista… se los llevará el viento.
De nuevo todo el mundo observa con vilo el desenlace de las elecciones en los EEUU. La primera potencia mundial (por su innegable poder hegemónico en el orden económico, tecnológico y militar; de cuyo latido –la actual crisis mundial lo está demostrando- depende los cimientos de un sistema social que extiende sus tentáculos hasta el rincón mas apartado de la tierra) elige a un nuevo comandante en jefe. No es de extrañar que exactamente así: “un nuevo comandante en jefe” se haya planteado la contienda electoral.
La intelectualidad “progresista y de izquierdas” considera muy determinante la victoria del demócrata Barack Obama sobre el republicano John McCain. Como en las anteriores elecciones que apostaron claramente en Kerry, el voto por el menos malo sigue siendo la gran esperanza. En este caso ya no se trata solamente del menos malo sino del nuevo comandante de la nación más poderosa del mundo que puede llegar a humanizar el único sistema social posible, regenerándolo, refundándolo. El capitalismo “serio”, creador de puestos de trabajo y mantenedor del Estado del bienestar en manos de Barack Obama, sueñan que puede ser una realidad. También con la nueva administración demócrata puede relegarse al olvido, dicen, los “proyectos para un nuevo siglo americano”, la construcción de un poder mundial unipolar, los periodos de disputa por el saqueo del mundo, las guerras, el expansionismo militar y financiero…
Todo parece que el futuro de esperanza del mundo dependiera de la elección de Barack Obama y de su infierno si ganara John McCain.
Pero la realidad es mucho más tozuda que estos idearios místicos que recuerdan mucho al “pensamiento Alicia” del gobierno Zapatero. Basta para comprenderlo el comprobar como los grandes consorcios industriales y financieros norteamericanos pusieron los huevos indistintamente en los dos cestos. Barack Obama y John MaCain.. apostaron, en lo fundamental, por hacer exactamente lo mismo: mantener, a costa de lo que fuera, un sistema depredador que la historia ya ha sentenciado su decadencia irreversible.
La retórica, los discursos, las buenas intenciones, las promesas, el lenguaje progresista… se los llevará el viento.
Es más, nada ni nadie puede detener ni enderezar la decadencia de un sistema de producción cuando éste ya no es capaz de cumplir las leyes sobre las cuales se edificó. Cuando para alcanzar y superar constantemente sus objetivos de acumulación de Capital le obliga cada día más a acercarse a sus propios límites.
Es más, en tales periodos de decadencia queda inhabilitado cualquier proyecto reformista o renovador.
Lo que se pone en primer plano, como única forma de conservación, son proyectos cesaristas, destructivos, represores y fascistas. Pensar que la dictadura de la sociedad de la mercancía y del dinero puede seguir triunfando, cuando es el mayor obstáculo para la vida de la inmensa mayoría de la Humanidad, sin comprender que solo con la fuerza y la violencia puede imponerse para perpetuar su irracionalidad, sería un enorme error. Que nadie piense que finalmente el dinero será el vencedor en estas circunstancias de crisis. El único Estado absoluto que lo controlará, dirigirá y finalmente engullirá, será un Estado militar y demente, sin parangón alguno en la Historia de la Humanidad.
Quien sea el comandante en jefe de este Estado demente es irrelevante. Serán también irrelevantes sus discursos, su oratoria, sus promesas…
Aunque el periodo en que vivimos sea de una gran incertidumbre y de conflicto, en el seno de la sociedad capitalista han crecido y se han desarrollado enormes fuerzas constructoras que provocan grandes transformaciones en nuestras vidas y nos pueden abrir un camino de esperanza y bienestar. Grandes proyectos que nos pueden ser favorables si son capaces de desembarazarse de las leyes de la apropiación privada. Cualquier sociedad humana tiene posibilidades de desarrollarlos y así lo están intentando apesar del contínuo pillaje y obstrucción a que están sometidas por el capital financiero.
La sociedad norteamericana estará sin duda en la delantera de este gran proyecto de la Humanidad y no dudo que la opción de sus sectores político- militaristas (que alcanzará a ser insoportable para la mayoría de sus ciudadanos) tarde o temprano fracasará. La lucha por la vida no empieza ni acaba en una gran farsa electoral. Se desarrolla cada día y en cada momento de la actividad humana, en los centros de producción, en los laboratorios de investigación, en las universidades y escuelas… Es la lucha de la construcción contra la depredación. La sociedad norteamericana tambien está inmersa en esta lucha.
Su rebeldía puede ser de una vital importancia para toda la Humanidad.
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