Cuando la megalomanía y el delirio de reconocimiento llegan a un estado patológico suele provocar daños irreversibles. La Red se ha convertido en un refugio de la libertad, pero también en una guarida del autoritarismo. Hay blogguers que entran en pánico cuando baja su nivel de visitas, pero los hay peores, los que pataletean y liberan la soez cuando alguien más que disentir se aprovecha de la injuria como recurso para criticar. Entonces vienen las prácticas antidemocráticas, los filtrados, las moderaciones y las supresiones de comentarios que mutilan el espíritu de la esa tan aclamada Web 2.0.
Las fronteras entre el disentimiento, la crítica y la polémica con los territorios de la ofensa son muy delgadas, a veces imperceptibles, plagadas de un fuego que ofusca, enardece y hace perder el control al más apacible de los humanos. Pero contestar airado, proferir maldiciones e improperios, ofuscarse con posiciones inflexibles y sectarias es lamentable porque se pierde el control del espacio y el autor se coloca en la misma posición de quién agrede, soliendo ser muchas veces más “troglodita” que el propio injuriador.
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del Blog de Marcelau de la red Plurk